No me creo una escritora. Ni tampoco una aficionada a escribir. Solo hago lo que puedo hacer, y no creo que me salga bien o mal, solo digo que soy capaz de hacerlo como millones de personas pueden hacerlo. Escribir es un derecho, que muchas pueden vivirlo pero otras no tienen la libertad de hacerlo. Y me siento afortunada de pertenecer al primer grupo, al que todos deberíamos pertenecer.
Escribir te da libertad, libertad debería ser la propia definición de esta acción. Porque escribir te hace ser libre. Te da las alas que los humanos físicamente no tiene. Tanta libertad, en parte, es dada por la imaginación. La majestuosidad de la imaginación es infinita porque ella lo es. Si el escribir te da alas la imaginación es el viento que te empuja, por el que uno vuela. Y uno como poseedor de sus alas es capaz de usarlas a su gusto, uno elige si volar en lo alto, dar un paseo mirando el horizonte o adentrarse en las profundidades de un bosque.
Pero el escribir como toda acción tiene sus riesgos. Y yo espero poder vivir sin tener que toparme con ellos.
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