15 de septiembre de 2012

TS

Observé a los dos pájaros volar uno detrás del otro durante interminables minutos. Hasta que el timbre sonó. Me levante apurada, aunque en realidad no tenía ningún apuro. Recogí mis cuadernos y salí al pasillo esquivando cuerpos que atrasaban mi salida. Fui hasta mi casillero, no pude evitar mirar hacia mi izquierda para ver si me encontraba con sus hermosos ojos. Pero me encontré con que él no estaba, seguro debía de estar con alguna de esas chicas fáciles, que andan por el colegio con ropas pequeñas y ajustadas. Abrí mi casillero, y al poner mis libros en su lugar, encontré una foto mía que nunca había visto pegada en la pared del casillero. La quité para verla mejor. En la foto me encontraba sentada en un banco sola, en uno de los recreos. Llevaba puestos unos jeans oscuros, un saco gris y unos converse negros. No entendí cómo eso llego hasta ahí, no entendí quién la había tomado. Seguro debía de ser alguna broma, así que no le di importancia.
Agarré mi mochila y dentro tiré algunos cuadernos. Me colgué la mochila al hombro y salí lo más rápido que pude. Me coloqué mis auriculares para que nadie me cruzara la palabra, porque en realidad ninguna música salía de ellos.

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¿Por qué?
Esta pregunta retumba en mi cabeza todos los días. Y yo, incrédula, intento encontrar su respuesta. Pero la respuesta, no es más que otra pregunta. Y esa nueva pregunta, carece de solución al igual que la otra. Me maldigo en mi mente por ser tan humana, por pensar en cosas absurdas y egoístas. Me maldigo por llevarme por mis sentimientos. Me maldigo en silencio, ahogando mis llantos, mientras mi labios reflejan una sonrisa.
Pero si por una vez, alguien me mirara a los ojos verdaderamente, se daría cuenta de que yo no soy lo que aparento, y que tengo problemas como los demás.
Mi mente en estos días no funciona como yo quiero. No quiere pensar en temas importantes. Me siento inútil, siento que mi cerebro está en una tormenta de nieve y ni siquiera se digna a luchar.
Mis labios no están felices, porque no tienen de que hablar. Mis dedos extrañan ser usados para comunicar reflexiones. Y mi corazón no es el mismo, me engaña, y es muy crédulo.
Necesito una escalera que me saqué de acá, tengo que subir hasta lo más alto, alejarme de este lugar.