Acostados en diferentes camas soñaban el mismo sueño. Frente a diferentes espejos practicaban las mismas conversaciones. Sentados en diferenes clases se imaginaban la misma escena.
Solo lo vivían en sus cabezas, les faltaba dar un paso para vivirlo de verdad. Ese paso llevaba consigo muchos pasos personales, y el más grande de ellos era aceptarlo.
Aceptar, el verbo más difícil de llevar a la acción, y que viene acompañado del reconocimiento. Hay que aceptar que nos equivocamos, que hay cosas que estan mal, y que tenemos un deseo interior de cambiar la realidad. Reconocer nuestros sentimientos, con nosotros mismo y con los otros. Sentir, pensarlo y hacerlo. Reconocer nuestras necesidades, aceptarlas y saciarlas.
Ellos querían lo mismo: juntos ser los de antes.
Por miedo a decirlo la espera les hizo daño. Aunque el reencuentro fue magnífico.
9 de junio de 2013
MF
¿Qué hacer? ¿Qué decir? Ya no puedo creer que esto siga siendo mi verdadera vida.
Cuando yo tenía 10 años me imaginaba mi vida a mis 16 acompletamente distinta. Estaría junto al amor de mi vida con el que más tarde me casaría, y construyendo mi futuro con las mismas personas que llamaba mejores amigos, felices sintiendo la libertad de estar muy cerca de cumplir la mayoría de edad. Pero hoy en día vivimos más atados que libres, sufriendo los giros de la vida que suceden a último momento, que nos obligan a mantenernos fuertes mientras que nos enfrentamos a la realidad.
Seguir juntos ya es un desafío, porque como las ramas de un mismo árbol crecemos en diferentes direcciones, mientras que venimos de un mismo tronco. Algunas ramas tardan en crecer, otras se quedan estancadas a una altura, y otras crecen sin para llegando hasta lo más alto recibiendo más luz que las demás. De a poco algunas se van cayendo, separándose del árbol que solía ser su familia.
Pero este otoño nos afecto a todos, todas nuestras hojas se secaron. Pero de la misma manera todos juntos vamos a resistir en el invierno para volver a florecer en primavera.
A pesar de todo, podemos confiar uno en el otro, por que vivimos juntos experiencias que nos marcaron para bien y para mala; aunque todos hayamos cambiado, nosotros sabemos quienes somos.
Cuando yo tenía 10 años me imaginaba mi vida a mis 16 acompletamente distinta. Estaría junto al amor de mi vida con el que más tarde me casaría, y construyendo mi futuro con las mismas personas que llamaba mejores amigos, felices sintiendo la libertad de estar muy cerca de cumplir la mayoría de edad. Pero hoy en día vivimos más atados que libres, sufriendo los giros de la vida que suceden a último momento, que nos obligan a mantenernos fuertes mientras que nos enfrentamos a la realidad.
Seguir juntos ya es un desafío, porque como las ramas de un mismo árbol crecemos en diferentes direcciones, mientras que venimos de un mismo tronco. Algunas ramas tardan en crecer, otras se quedan estancadas a una altura, y otras crecen sin para llegando hasta lo más alto recibiendo más luz que las demás. De a poco algunas se van cayendo, separándose del árbol que solía ser su familia.
Pero este otoño nos afecto a todos, todas nuestras hojas se secaron. Pero de la misma manera todos juntos vamos a resistir en el invierno para volver a florecer en primavera.
A pesar de todo, podemos confiar uno en el otro, por que vivimos juntos experiencias que nos marcaron para bien y para mala; aunque todos hayamos cambiado, nosotros sabemos quienes somos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)