Lunes odioso. Lunes agotador.
Lunes aburrido. Lunes. Sale de su casa, como siempre siete y doce minutos, para
llegar a la parada un minuto antes de que pase el ómnibus. Se encuentra con las
mismas personas de hace dos años, pero nunca existió un saludo entre ellos.
Solo prejuicios, pensamientos sin pruebas. Ese grupo de gente, la mira
cuestionando su forma de vestir y las bolsas negras que se depositan debajo de
sus ojos. Llega el ómnibus, como debía suceder. Se sube, última como siempre.
Ve al mismo hombre de siempre sentado en el lugar del guarda, con la misma cara
que siempre lleva, esa cara de molesto, enojado. Luego de obtener su boleto,
recién salido de esas maquinas nuevas, camina por ese pasillo lleno de miradas,
evitando las malas caras de los que le rodean. Sabiendo que en la próxima
parada, el ómnibus se va a llenar aun mas, comienza a moverse intentando huir
de la zona del medio.
Mira por un hueco formado entre
los hombros de dos mujeres, para poder ver a través de la ventana, y saber cuánto falta
para llegar a su destino. Mira la hora impacientemente, susurrando para sus
adentros ¿Por qué va tan lento? Tiene la suerte de vivir no muy lejos.
Reconoce que en la próxima
parada tiene que bajarse, y luego caminar una cuadra para llegar al lugar donde
todos son criticados, por hacer o no hacer algo, por decir o no decir algo. El
liceo.
No es uno de sus lugares
favoritos, pero prefiere estar ahí, antes de estar en su casa entre las peleas
de sus padres. En el liceo, se siento cansada, no solo de estudiar sino de
fingir ser alguien, ser alguien que no es. Aunque siente que nadie la ve, ni la
escucha.
Al llegar nadie la saluda. Dice
buenos días a la recepcionista, pero ni ella es capaz de contestar. Camina por
el largo pasillo, lleno de adolescentes, diferentes a ella. Sube las escaleras
hasta el segundo piso. Camina nuevamente por un pasillo, hasta entrar en el
salón, donde en la puerta dice 2ºB. Atraviesa el salón, sentándose en el lugar
de siempre, en el rincón atrás, mientras sus compañeros comentan como les fue
en el fin de semana, sin darse cuenta de que ella llegó.
Dos horas de historia, dos horas
de física, una hora de química, una hora de inglés, y dos horas de matemática.
Definitivamente para ella el lunes es el día más aburrido de toda la semana. Además
de aburrido es silencioso, como todos los demás días. Solo le hablaron en
química para pedirle los deberes de matemática, los cuales los hizo la noche
anterior, eso explica sus ojeras
Por fin el timbre tan deseado
suena, el anunciador de la salida, todos se esfuman rápidamente en grupos, como
si no pudieran estar solos. Un grupo se encamina hacia unas paradas, otro grupo
hacia otras, otro se queda charlando, otro se va caminando, otros en auto y
otros en bicicleta, y ella sola caminando lentamente sin ningún apuro hacia la
parada.
Inmediatamente el cielo comienza
a oscurecerse, tapando por completo al brillante sol. Las personas asustadas
comienzan a moverse más rápido, alejándose de la lluvia, que por lo visto
pronto va a aparecer. La chica, con su campera de abrigo y su larga bufanda
verde, camina solitariamente, luchando contra el viento que mueve las hojas doradas
del piso, luchando contra el frio de ese otoño, desafiando a las nubes. Cruza
la calle sola, ya no quedan rastros de los demás, y cada vez mas nubes tapan al
sol. Mientras caminaba siente que está más sola que nunca.
Para pasar el rato, intenta
pensar en otra cosa, pensar en lo que tiene que hacer cuando llegue a su casa,
lo de siempre. Llegar. Saludar a su perra, la única que parece interesada de
que ella llegue a casa. Calentarse la comida. Prender la tele, la causante de
crear tantos sueños que nunca va a poder cumplir. Comer sentada en el sillón, con su perra al lado
esperando que se le caiga algún trozo de comida. Estudiar. Hacer deberes,
deberes interminables. Merendar. Escuchar música. Usar la computadora, la
segunda causante de crear esos sueños. Leer, lo que más disfruta hacer. Dormir
y soñar. Esperar a que lleguen sus padres, cuando finalmente llegan a la hora
de la cena, escapar de las peleas e irse a llorar silenciosamente a su cuarto.
Pensar en eso, no le ayuda en
nada, en sus ojos se comienzan a formar lagrimas pero rápidamente las escurre
con la manga de su campera. Por un momento sonríe, al saber que nadie la estaba
viendo llorar. Pero sus facciones cambian rápidamente, las comisuras de sus
labios bajan, al darse cuenta de que eso no era razón para esta feliz, no tenia nadie que la
apoyara.
Espera sentada al ómnibus, pasa
un minuto, dos, tres, cinco, diez, quince, veinte minutos. No pasa ninguno que
le sirva, y comienza a llover. Busca refugio debajo de un árbol, usando la
capucha de su campera. Su paciencia comienza a terminarse, pero la plata que
tiene no es suficiente para tomarse un taxi. Llama a su madre, tiene miedo de
que algo le pase. Pero no le contesta. Llama de nuevo, pero tampoco lo hizo.
Insiste más veces. A la sexta llamada,
pierde las esperanzas y se rinde. Marca el número de su padre, pero se queda
sin batería. Furiosa por este hecho, comienza a llorar, enojada con el mundo y
queriendo ser alguien diferente. Se imagina como sus compañeros, están reunidos
mirando una película, comiendo. Y sus lágrimas aumentan, lo único que se
pregunta es ¿Por qué a mí?
Luego de pasar cuarenta minutos bajo la lluvia,
temblando, llorando, y lamentándose, decide comenzar a caminar. Comienza caminando
lentamente, y cada tanto mira hacia atrás, para asegurarse de que no llegue su
ómnibus. Acelera su paso y su miedo de que pasara algo aumenta. Llega a la
primera avenida, se cruza con gente, pero su miedo no disminuye. Mira para
atrás una vez más, pero no ve ningún ómnibus. Calcula que le deben de quedar
todavía unas diez cuadras.
Sigue caminando, ahora ni se
molesta en mirar para atrás, le atemoriza lo que puede llegar a ver. Intenta de
nuevo pensar en otras cosas que no sean los peligros. Esta vez deja la familia
de lado y piensa en la sociedad. En cómo está cansada de que los adultos usen a
los jóvenes para excusarse de sus problemas, como siempre son los que se llevan
la culpa, y como los jóvenes son siempre los más criticados y los malos de la
película. Esos pensamientos la ayudan a despejarse, y su cara se tranquiliza,
pero su rabia por dentro aumenta.
La lluvia comienza a ser más
fuerte, ella acelera el paso, mirando siempre al frente. Ningún auto pasa, solo
se escucha el ruido de la lluvia y la respiración de ella. De pronto un hombre
se le acerca. Intenta esquivarlo, pero él insiste en hablar con ella. Un hombre
joven y apuesto, de traje, con unos lentes redondos y un paraguas negro grande.
Él coloca el paraguas sobre la cabeza de los dos, acortando la distancia que
existía. Ella intenta decirle que no tiene tiempo, pero él se niega a dejarla
ir. Le comenta que su nombre es John, trabaja en una empresa de telefonía y lo
único que quiere es hacerle unas rápidas preguntas. Ella muy aterrada siente como
su corazón late fuertemente y aceleradamente. Pero poco a poco, John logra
hacerla sentir cómoda, debajo de ese enorme paraguas, que separa las gotas de
su cabeza. El elegante encuestador, con una encantadora sonrisa, le dice cuanto
le gusta la bufanda verde que ella lleva puesta. A lo que ella responde con un
tímido gracias, casi susurrando. Él le hace preguntas amablemente, ella
contesta rápidamente insistiendo que se tiene que ir. Sus preguntas comienzan a
ser más directas, logrando intimidar a la chica. Ella se da la vuelta para
marcharse, intentando escapar de la mirada del hombre. Él la agarra del brazo
fuertemente y le da la vuelta. Tira el paraguas. Ella comienza a llorar y
gritar, intentando escapar. Él no la suelta y la calla colocando sus labios
sobre los de ella violentamente. Ella usa todas sus fuerzas para poder zafarse,
pero es imposible. El comienza a tocarla mientras que ella llora, intentando no
cometer ningún error para no tener un final desafortunado. Él acorta todavía más
la distancia entre ellos, mientras la agarra fuertemente de la cintura. Ella lo
mira a los ojos, notando lo grande que están sus pupilas, llorando a gritos. Él
la agarra del brazo obligándola a caminar, ella se tropieza con una baldosa,
raspándose las rodillas contra la vereda y perdiendo uno de sus championes. Él
la levanta y la obliga a caminar nuevamente, en dirección a una camioneta
verde. Verde como su bufanda.
Lunes. Sale de su casa. Aunque es de mañana, hay
sol. Se dirige a la parada. La misma parada de siempre, con la misma gente de
siempre. Esta vez la gente no se queda mirando sus ojeras, su ropa o su pelo.
Lo único que notan es la bola que se forma debajo de su campera. Unos creen que
la consiguió por acostarse con desconocidos, otros por tener relaciones con su
novio y no usar protección por ser joven y descuidada. Espera el ómnibus,
evitando las miradas. Se sube y paga su boleto. Se sienta cerca de la puerta,
evitando nuevamente las miradas y tratando de no escuchar los comentarios sobre
ella. Esta vez su destino queda más lejos. Va a demorar unos treinta minutos en
llegar al hospital. Mira por la ventana, ve pasar los autos. Al ver pasar una
camioneta verde, se estremece y todos los recuerdos comienzan a pasar como una
película en su cabeza.
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