7 de agosto de 2012

LUNES


Lunes odioso. Lunes agotador. Lunes aburrido. Lunes. Sale de su casa, como siempre siete y doce minutos, para llegar a la parada un minuto antes de que pase el ómnibus. Se encuentra con las mismas personas de hace dos años, pero nunca existió un saludo entre ellos. Solo prejuicios, pensamientos sin pruebas. Ese grupo de gente, la mira cuestionando su forma de vestir y las bolsas negras que se depositan debajo de sus ojos. Llega el ómnibus, como debía suceder. Se sube, última como siempre. Ve al mismo hombre de siempre sentado en el lugar del guarda, con la misma cara que siempre lleva, esa cara de molesto, enojado. Luego de obtener su boleto, recién salido de esas maquinas nuevas, camina por ese pasillo lleno de miradas, evitando las malas caras de los que le rodean. Sabiendo que en la próxima parada, el ómnibus se va a llenar aun mas, comienza a moverse intentando huir de la zona del medio.
Mira por un hueco formado entre los hombros de dos mujeres, para poder ver  a través de la ventana, y saber cuánto falta para llegar a su destino. Mira la hora impacientemente, susurrando para sus adentros ¿Por qué va tan lento? Tiene la suerte de vivir no muy lejos.
Reconoce que en la próxima parada tiene que bajarse, y luego caminar una cuadra para llegar al lugar donde todos son criticados, por hacer o no hacer algo, por decir o no decir algo. El liceo.  
No es uno de sus lugares favoritos, pero prefiere estar ahí, antes de estar en su casa entre las peleas de sus padres. En el liceo, se siento cansada, no solo de estudiar sino de fingir ser alguien, ser alguien que no es. Aunque siente que nadie la ve, ni la escucha.
Al llegar nadie la saluda. Dice buenos días a la recepcionista, pero ni ella es capaz de contestar. Camina por el largo pasillo, lleno de adolescentes, diferentes a ella. Sube las escaleras hasta el segundo piso. Camina nuevamente por un pasillo, hasta entrar en el salón, donde en la puerta dice 2ºB. Atraviesa el salón, sentándose en el lugar de siempre, en el rincón atrás, mientras sus compañeros comentan como les fue en el fin de semana, sin darse cuenta de que ella llegó.
Dos horas de historia, dos horas de física, una hora de química, una hora de inglés, y dos horas de matemática. Definitivamente para ella el lunes es el día más aburrido de toda la semana. Además de aburrido es silencioso, como todos los demás días. Solo le hablaron en química para pedirle los deberes de matemática, los cuales los hizo la noche anterior, eso explica sus ojeras
Por fin el timbre tan deseado suena, el anunciador de la salida, todos se esfuman rápidamente en grupos, como si no pudieran estar solos. Un grupo se encamina hacia unas paradas, otro grupo hacia otras, otro se queda charlando, otro se va caminando, otros en auto y otros en bicicleta, y ella sola caminando lentamente sin ningún apuro hacia la parada.
Inmediatamente el cielo comienza a oscurecerse, tapando por completo al brillante sol. Las personas asustadas comienzan a moverse más rápido, alejándose de la lluvia, que por lo visto pronto va a aparecer. La chica, con su campera de abrigo y su larga bufanda verde, camina solitariamente, luchando contra el viento que mueve las hojas doradas del piso, luchando contra el frio de ese otoño, desafiando a las nubes. Cruza la calle sola, ya no quedan rastros de los demás, y cada vez mas nubes tapan al sol. Mientras caminaba siente que está más sola que nunca.
Para pasar el rato, intenta pensar en otra cosa, pensar en lo que tiene que hacer cuando llegue a su casa, lo de siempre. Llegar. Saludar a su perra, la única que parece interesada de que ella llegue a casa. Calentarse la comida. Prender la tele, la causante de crear tantos sueños que nunca va a poder cumplir. Comer  sentada en el sillón, con su perra al lado esperando que se le caiga algún trozo de comida. Estudiar. Hacer deberes, deberes interminables. Merendar. Escuchar música. Usar la computadora, la segunda causante de crear esos sueños. Leer, lo que más disfruta hacer. Dormir y soñar. Esperar a que lleguen sus padres, cuando finalmente llegan a la hora de la cena, escapar de las peleas e irse a llorar silenciosamente a su cuarto.
Pensar en eso, no le ayuda en nada, en sus ojos se comienzan a formar lagrimas pero rápidamente las escurre con la manga de su campera. Por un momento sonríe, al saber que nadie la estaba viendo llorar. Pero sus facciones cambian rápidamente, las comisuras de sus labios bajan, al darse cuenta de que eso no era razón  para esta feliz, no tenia nadie que la apoyara.
Espera sentada al ómnibus, pasa un minuto, dos, tres, cinco, diez, quince, veinte minutos. No pasa ninguno que le sirva, y comienza a llover. Busca refugio debajo de un árbol, usando la capucha de su campera. Su paciencia comienza a terminarse, pero la plata que tiene no es suficiente para tomarse un taxi. Llama a su madre, tiene miedo de que algo le pase. Pero no le contesta. Llama de nuevo, pero tampoco lo hizo. Insiste más veces.  A la sexta llamada, pierde las esperanzas y se rinde. Marca el número de su padre, pero se queda sin batería. Furiosa por este hecho, comienza a llorar, enojada con el mundo y queriendo ser alguien diferente. Se imagina como sus compañeros, están reunidos mirando una película, comiendo. Y sus lágrimas aumentan, lo único que se pregunta es ¿Por qué a mí?
 Luego de pasar cuarenta minutos bajo la lluvia, temblando, llorando, y lamentándose, decide comenzar a caminar. Comienza caminando lentamente, y cada tanto mira hacia atrás, para asegurarse de que no llegue su ómnibus. Acelera su paso y su miedo de que pasara algo aumenta. Llega a la primera avenida, se cruza con gente, pero su miedo no disminuye. Mira para atrás una vez más, pero no ve ningún ómnibus. Calcula que le deben de quedar todavía unas diez cuadras.
Sigue caminando, ahora ni se molesta en mirar para atrás, le atemoriza lo que puede llegar a ver. Intenta de nuevo pensar en otras cosas que no sean los peligros. Esta vez deja la familia de lado y piensa en la sociedad. En cómo está cansada de que los adultos usen a los jóvenes para excusarse de sus problemas, como siempre son los que se llevan la culpa, y como los jóvenes son siempre los más criticados y los malos de la película. Esos pensamientos la ayudan a despejarse, y su cara se tranquiliza, pero su rabia por dentro aumenta.
La lluvia comienza a ser más fuerte, ella acelera el paso, mirando siempre al frente. Ningún auto pasa, solo se escucha el ruido de la lluvia y la respiración de ella. De pronto un hombre se le acerca. Intenta esquivarlo, pero él insiste en hablar con ella. Un hombre joven y apuesto, de traje, con unos lentes redondos y un paraguas negro grande. Él coloca el paraguas sobre la cabeza de los dos, acortando la distancia que existía. Ella intenta decirle que no tiene tiempo, pero él se niega a dejarla ir. Le comenta que su nombre es John, trabaja en una empresa de telefonía y lo único que quiere es hacerle unas rápidas preguntas. Ella muy aterrada siente como su corazón late fuertemente y aceleradamente. Pero poco a poco, John logra hacerla sentir cómoda, debajo de ese enorme paraguas, que separa las gotas de su cabeza. El elegante encuestador, con una encantadora sonrisa, le dice cuanto le gusta la bufanda verde que ella lleva puesta. A lo que ella responde con un tímido gracias, casi susurrando. Él le hace preguntas amablemente, ella contesta rápidamente insistiendo que se tiene que ir. Sus preguntas comienzan a ser más directas, logrando intimidar a la chica. Ella se da la vuelta para marcharse, intentando escapar de la mirada del hombre. Él la agarra del brazo fuertemente y le da la vuelta. Tira el paraguas. Ella comienza a llorar y gritar, intentando escapar. Él no la suelta y la calla colocando sus labios sobre los de ella violentamente. Ella usa todas sus fuerzas para poder zafarse, pero es imposible. El comienza a tocarla mientras que ella llora, intentando no cometer ningún error para no tener un final desafortunado. Él acorta todavía más la distancia entre ellos, mientras la agarra fuertemente de la cintura. Ella lo mira a los ojos, notando lo grande que están sus pupilas, llorando a gritos. Él la agarra del brazo obligándola a caminar, ella se tropieza con una baldosa, raspándose las rodillas contra la vereda y perdiendo uno de sus championes. Él la levanta y la obliga a caminar nuevamente, en dirección a una camioneta verde. Verde como su bufanda.
Lunes.  Sale de su casa. Aunque es de mañana, hay sol. Se dirige a la parada. La misma parada de siempre, con la misma gente de siempre. Esta vez la gente no se queda mirando sus ojeras, su ropa o su pelo. Lo único que notan es la bola que se forma debajo de su campera. Unos creen que la consiguió por acostarse con desconocidos, otros por tener relaciones con su novio y no usar protección por ser joven y descuidada. Espera el ómnibus, evitando las miradas. Se sube y paga su boleto. Se sienta cerca de la puerta, evitando nuevamente las miradas y tratando de no escuchar los comentarios sobre ella. Esta vez su destino queda más lejos. Va a demorar unos treinta minutos en llegar al hospital. Mira por la ventana, ve pasar los autos. Al ver pasar una camioneta verde, se estremece y todos los recuerdos comienzan a pasar como una película en su cabeza. 

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