Duele escuchar a un niño decir que no quiere ir más a la escuela. Que con 7 o menos no se crea capaz de pasar de año, que no se sienta parte de un grupo, que no disfruta porque no tiene amigos.
Duele escucharlos decir que los compañeros los discriminan por el lugar en donde viven, y hasta la maestra lo hace. Duele escucharlos llorar porque sufren en el lugar donde tendrían que sentirse más seguros. Duele saber que a la directora no les importan. Duele que ellos mismos reconozcan porque los tratan de otra manera.
Pero una de las cosas que más me duele, es que no intenten superarse porque creen que no lo pueden hacer. Pero no solo lo creen porque se lo dicen los demás, si no que también lo creen porque lo ven en su familia.
Otra cosa que también duele, es no saber que hacer frente a estas situaciones.
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