¿Por qué?
Esta pregunta retumba en mi cabeza todos los días. Y yo, incrédula, intento encontrar su respuesta. Pero la respuesta, no es más que otra pregunta. Y esa nueva pregunta, carece de solución al igual que la otra. Me maldigo en mi mente por ser tan humana, por pensar en cosas absurdas y egoístas. Me maldigo por llevarme por mis sentimientos. Me maldigo en silencio, ahogando mis llantos, mientras mi labios reflejan una sonrisa.
Pero si por una vez, alguien me mirara a los ojos verdaderamente, se daría cuenta de que yo no soy lo que aparento, y que tengo problemas como los demás.
Mi mente en estos días no funciona como yo quiero. No quiere pensar en temas importantes. Me siento inútil, siento que mi cerebro está en una tormenta de nieve y ni siquiera se digna a luchar.
Mis labios no están felices, porque no tienen de que hablar. Mis dedos extrañan ser usados para comunicar reflexiones. Y mi corazón no es el mismo, me engaña, y es muy crédulo.
Necesito una escalera que me saqué de acá, tengo que subir hasta lo más alto, alejarme de este lugar.
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