Leer lo que solía escribir me llena de inspiración. ¿Por qué lo dejé por tantos meses? Hace un año me conocía mejor de lo que me conozco ahora; lo repito como muchas veces lo he dicho, yo escribo para conocerme, para entenderme y para ordenar mis pensamientos.
Para Navidad mi tía me regaló una libreta, muchos admirarían su cubierta con colores, pero yo me quedé enamorada de sus hojas. No son hojas normales, son gruesas, con renglones bien marcados, los bordes redondeados, y no son blancas ni amarillas, pero es el color perfecto para escribir con una lapicera azul, la mejor lapicera a mi entender. Tales hojas no podían ser desperdiciadas en algo relacionado al estudio, ni siquiera dibujos, o cosas que se me ocurrieran. Pensé en escribir frases pero nunca la lograría llenar, y ya lo intenté una vez en un cuaderno, un proyecto que no tuvo mucho éxito.
Decidí dejarla para escribir listas, cualquier lista que se me ocurriera, en los ordenes que yo quisiera, como otra manera de ordenar mis pensamientos. Listas a las que les puedo ir agregando cosas, y tachando otras; lugares a los que quiero visitar, palabras que me gustan, cosas que odio, canciones que quiero que alguien me dedique alguna vez. Siento que tiene cosas tan íntimas, que hasta me daría vergüenza que alguien leyera una página.
P.d: la lápicera azul está en la lista de las cosas que amo.
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