"Después de dos años sin hablarnos nos cruzamos en un ómnibus. Yo la miré, y ella a mí. No nos dijimos nada, nuestras miradas decían más de lo que nuestras voces podían llegar a decir. Ella se bajó, yo me bajé dos paradas después. De noche, en mi cama, no paraba de pensar en ella, en lo que nos dijimos sin hablar. Nos extrañábamos y lamentábamos nuestra distancia. Y yo ahora lamentaba no haberle hablado.
Una semana después del encuentro en el ómnibus nos cruzamos en la calle. Otra vez nos miramos, y esta vez nuestras miradas eran distintas, seguían siendo tristes, pero esta vez con un poco de nostalgia y puede ser que con un poco de esperanza. Ella movió el brazo como para saludarme, pero algo cruzó por su mente, lo noté en su cuerpo, bajó la cabeza y siguió caminando apurada. De noche me lamenté de nuevo no haberme acercado a ella. Mientras recordaba nuestro pasado, unas lagrimas rodaron por mi mejilla. Soñé con ella, pero ella de hace 3 años.
Pasaron dos semanas para encontrarla de nuevo. Esta vez fue en una librería. La vi en la sección de clásicos. Ella todavía no me veía, yo llevaba ventaja. La miré deseando tener el poder de congelar el tiempo, para poder mirarla por siempre. Ella se fue. Y yo me enojé por no haberle hablado.
Me prometí a mi mismo en acercarme para hablarle la próxima vez que la vea. Preparé mi discursó. La iba a invitar a tomar un café, como solíamos hacer. Pero el momento no llegaba. Cada vez me enojaba más conmigo mismo. Y no me enojaba solo por no haberle hablado, me enojaba por haberla dejado ir años atrás.
Luego de 2 meses de sufrimiento: la volví a ver. Ella estaba sentada en el café al que solíamos ir. Cuando la vi pensé que era mentira, que mi mente se lo había imaginado, otra vez (porque no puedo negar que creí verla varias veces). Estaba sola, en una mesa, tomando un té mientras leía un libro. Entré, sin saber que lo estaba haciendo. Se veía tan concentrada que no quería interrumpir su lectura. Me di media vuelta. Respiré hondo, apreté mis puños. Me di media vuelta y me acerqué decidido a su mesa. Me senté frente a ella. Ella bajó su libro. Nos miramos durante un largo rato. Y ella pronunció tres palabras que no esperaba escuchar: te estaba esperando."
En ese momento me di cuenta de cuanto tiempo habíamos perdido, porque nuestro destino era estar juntos. Y me di cuenta de que te amo, te amaba: nunca dejé de amarte y nunca voy a dejar de amarte. Por eso, el acto que hoy hicimos, de unirnos para siempre y prometer estar juntos para siempre, es sincero. Gracias por haber dicho "acepto", siempre decís las palabras justas.
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